26 de set. 2014

EL VERMUT DE KIKO AMAT #9 - (ANTONIO BAÑOS)


Yo sigo a Baños; no me importa decirlo. Cantarlo en la cornisa de un acantilado, como si estuviese "Living on a Prayer". A mucha gente le incomoda Baños, porque es uno de los militantes que pican piedra, uno de los que no están aquí por los selfies. Cuando el liderazgo de Lo Nuestro parece –a veces– estar en manos de marujas de Facebook, comisarios políticos de blog y ciudadanistas post-15M (que fue bueno y a ratos malo), Baños está aún en el pupitre rayado de la Vieja Escuela, con las rodillas peladas y afilando el tirachinas. Muchos se ponen nerviosos con eso. Porque en lugar de airear una camiseta reivindicativa en un macrofestival, Baños se arremanga y se casca la tarea incómoda. La que no hago yo, ni que me maten: ir a Casals d’Avis, a ateneos o bares de pueblos de mala muerte, solo con su zurrón y su labia, a explicar cosas y desbrozar senderos. Lo que no chuta en Instagram; eso es lo que hace Baños. La faena dura. El baile con la más fea.

Antonio Baños incomoda también a otros (o a los mismos de antes) porque es uno de los pocos periodistas de extrema izquierda que lleva la guasa de blasón. Que no se toma esto de la forma envarada, esfínter-eclosionado, que es la marca de agua de una buena parte de la izquierda desde hace siglos. Que se ríe de sí mismo y de sus carencias y de Lo Nuestro. Pero eso no significa que sea nuestro bufón, aunque a mí me haga una gracia pasmosa. Baños es tan línea-dura como inclusivo, rechaza el sectarismo izquierdista y no va soltando one-liners pegadizos tuit a tuit. Lo suyo son los libros de calado pero hilarantes (Posteconomía, La rebelión catalana o La economía no existe), el razonamiento consistente, el discurso de bar; todo lo que no encaja demasiado bien en las redes sociales (corriendo, por tanto, peligro de invisibilidad). Un economista que odia a los economistas. Un anarquista analógico. Un indepe salvatge. Y para colmo es también rocanrolero: tocaba en Los Carradines. Así que Baños: lead the way, que yo te cubro la retaguardia. Llegamos a la vermutería él y yo, nos sentamos, hablamos. Es la hora de los mamporros.

Ya sabes: Vermut. Gent Normal. Primera persona a cholón. Tú y yo, charlando hasta el amanecer, en la barricada a las tres. Háblame por favor de tu familia y bagaje, para que podamos entender mejor tu militancia política y papel en este lugar llamado mundo.
Sí, el entorno es importante. Yo soy de las pocas familias de Barcelona que desde hace cuatro generaciones viven en el mismo solar. De hecho no es un solar; era el campo, en la calle Escòcia con Meridiana, y mi bisabuelo construyó allí la casa cuando era guardia de seguridad, por decirlo de algún modo, de los laboratorios. Hace cierta gracia pensar que soy el único indígena de Nou Barris. Nosotros ya estábamos allí cuando todo esto eran campos (ríe). La tradición de: “aquí pasaban las vías, y aquí no había nada, y aquí estaba el huerto del yayo”; eso lo conservo. Tengo esa ruralidad que algunos barceloneses de Horta tienen muy clara, pero en medio de la Meridiana. La Meridiana tiene la misma edad que yo, prácticamente. Mi patria es la Meridiana. Es el Nilo de los egipcios. Mi familia es de Sant Andreu (aquello era Sant Andreu entonces) y es familia de trabajadores. Mi abuela estaba en la fábrica de alfombras de Compte de Sert, mi abuelo en la Hispano-Suiza y después de la Pegaso, mi madre era oficinista en una mutua obrera del barrio, mi tía en La Maquinista...

O sea, que tú eres tercera generación pura y dura.
Sí, pero mis abuelos vinieron aquí de muy niños. El primer Baños-Boncompain es del 1906-1908. Vinieron al principio de construirse el metro y el tranvía. O sea, que no soy de la oleada de los 50 y 60. Y además cayeron en Sant Andreu, que era un pueblo catalán y obrero, y se catalanizaron de inmediato. Aunque son “murcianos”, por decirlo de algún modo. El otro día me enteré de que mi abuelo paterno, que era falangista... Es que yo tengo dos abuelos, uno en la CNT y el otro en Falange.

Vaya, qué casualidad, yo también tengo abuelos de derechas e izquierdas. Bueno, el de izquierdas no era de la CNT; más bien de ERC.
Pues resulta que el mío había sido un alcalde franquista de Sant Andreu, hijo de puta y super-putero. Y allí entendí de dónde venía ese gen mío (sonríe).

Entiendo. El mío no era putero, pero sí de Falange, vivalavirgen, buscavidas y una auténtica catástrofe en los negocios.

Exacto. A mi padre le puteó consistentemente. Mi padre era carbonero y chatarrero. Mi abuelo le sacó de los estudios, le expulsó de la empresa familiar cuando mi padre empezó una carrerilla... Todo muy Dickens. Ahora sé que era falangista, paseaba las amantes por Sant Andreu, su hermano estaba liado con una cupletista del Paralelo (ríe).



¿Pero entró en combate?
Eso no lo he averiguado aún. Como sabes, en esas generaciones todo eso está muy silenciado. Al falangista no lo conocí casi, murió cuando yo era muy niño. Pero el materno, que fue quien me educó, era el de la Hispano-Suiza y la CNT, sufrió dos juicios sumarísimos durante la guerra, estuvo encarcelado y esperando fusilamiento... Para que veas cómo son las familias: cuando su hermana se casó con un católico, el cuñado católico le rescató, porque la sangre iba por delante. Él no fue a la guerra, estuvo trabajando (aunque para una empresa de guerra; hacían motores de aviones), pero mi madre nunca me había contado lo de su filiación política. Yo soy un hijo de la Libertad. Quiero decir: mi madre se llamaba Llibertat. La llamaban Liberty. Y fue la primera niña con pantalones en Sant Andreu. Mi abuelo era de esos anarquistas higienistas: recto, limpio, pelo corto, nudista (en la playa), nunca bautizó a su hija...

¿Vegetariano, también?

No, pero sí frugal. Esos valores. Y la llamó Libertad. Pero a los cuatro o cinco años le tuvieron que cambiar el nombre a María del Carmen. Y creo que eso tiene que cambiarte la vida: de Libertad a María del Carmen. Mi madre me ha transmitido el miedo: “no te metas en política, no opines...”. Era una familia muy ligada a Sant Andreu, con una tía peluquera en la plaza del mercado, conocen a todo el mundo... Yo soy el niño de la Mari Carmen. Eso me ha influido, en todo caso, porque es un entorno obrero pero menestral. Gente de asociaciones, de coro obrero. De trabajo organizado que no es el de la SEAT. No es Llobregat; es Sant Andreu. Claro que a estas alturas no sabes muy bien qué has vivido o qué reconstruyes para rehacerte la biografía (ríe).

Ya. Yo acabo de descubrir en un boletín de notas que saqué un Notable de Educación Física en 3º de BUP. Eso ha destruido mi impecable discurso de nerd. Ahora resulta que era Maciste.
(Carcajada) Claro. El asunto es, ¿por qué cambiarlo? Yo también cateé educación física, solo iba con los nerds... Soy hijo único, y por tanto no bajaba al barrio a jugar. Yo iba a un cole privado-progre que no era el del barrio. Ahora es pijo, es el Virolai. Fui de rebote, mis padres no sabían muy bien si era de derechas o izquierdas. Me metieron en el San Juan Bosco, no aprobé y acabé en el progre. Era un cole de clase media. Iba allí desde el hijo de taxista al hijo de carbonero al hijo del abogado. Esto era en el Carmelo, y debajo había unos barracones con quillos, que nos atracaban. Acabó acudiendo la policía, organizando convoyes como en el Far West, para escoltarnos. Era la época quinqui, y la poli iba metralleta al hombro. He acabado conociendo a dos de aquellos quinquis que nos atracaban: uno es David Barba, y el otro David Castillo. Castillo me dijo el otro día: “Yo maté al perro de tu escuela”. Yo me pregunto: ¿Para qué coño fui a un colegio privado si los quillos de abajo han llegado al mismo sitio que yo? (ríe).

Esos cruces siempre me hacen pensar en el libro de Jordi Puntí, Els castellans. La diferencia de perspectiva está en que nosotros –muchos catalanes del Llobregat– empezamos a ir con los castellans. No los contemplamos desde lejos, o recibimos sus pedradas. Nos acharnegamos, y a saco.

En mi casa la división lingüística era muy curiosa, porque todos los hombres hablaban en castellano y todas las mujeres en catalán. Para mí el catalán era la cocina, y las broncas de mi padre eran en castellano. Por casualidad, porque mi abuelo de la CNT me hablaba también en castellano. Pero yo pensaba en castellano y leía en castellano. El catalán es para mí el idioma del barrio, del mercado, y el castellano es el de los libros y la cultura. A mucha gente le sucede lo contrario: el castellano es el de la calle, el académico y cultural es el catalán.

¿Tuviste una adolescencia hippy-progre, como muchos de los militantes actuales de la izquierda libertaria?

No, no. Qué va. Lo mío viene de mi abuelo. Yo nunca vi "Bambi". No sé de qué va o cómo termina.

Tú fuiste directo a "La conquista del pan".
Casi. Mi padre me hacía leer La Vanguardia, y me hacía recitar los presidentes de los países. Leíamos las noticias juntos: la guerra del Yom Kippur, tal... Eso era mi cuento de Disney. En mi casa me daban quintos, no Coca-Cola, porque la Coca-Cola era mala y el quinto y el vino “feien sang”. No por motivos políticos, ¿sabes? No he tenido que rebelarme contra nada familiar, porque mi cultura era esa. La educación política me viene directa de los años treinta: mi abuelo me contaba la huelga de la Canadiense, los héroes de Haymarket, como si fuesen cuentos que iban de traición obrera y luchas. Yo conocía el nombre del Ministro de Gobernación, Martínez Anido, pero no sabía de qué iba "Dumbo". Así, yo no he tenido que pasar por lo hippy o lo progre, porque ya iba encarrilado. Para mí ha sido algo más serio que para muchos pijo-progres. De hecho, siempre he sido muy anti-progresista. La palabra “progre” me irrita mucho, porque la asocio al pijo que se desclasa para liberarnos.



Claro, claro. Él es el tío culto y guay con los libros de Marcuse y Sartre, y nosotros los buenos salvajes del azadón, las cejas pobladas y los sobacos humeantes.
Exacto. Hay algo que a mí me encantaría escribir, y que es el libro "La historia intelectual de los pijos". Es algo que me irrita mucho, de Platón a nuestros días. Es el tío que dice: yo me desclasaré y sacrificaré por el pueblo. Generalmente por causas generales: la “libertad”, por ejemplo. Mientras que el pueblo tiene causas concretas, siempre. La “libertad” cuando quieras, pero primero hay que ganar esta huelga, hay que conseguir el pan... Esta tradición pijoprogre me pone negro. Yo estaba muy orgulloso de venir de Los Serios. Además, si vas a los curas, odias a los católicos, pero yo fui a un colegio de progres donde me enseñaron que “la memoria era facha”. Ojalá hubiese ido a los Jesuitas.

De joven te rebelas contra lo que tengan, como dicen en aquella película.

Sí, sí. Yo incluso decía que era carlista, para joder. La blandenguería siempre me ha irritado. “No memoricéis, comprended”. Vale, yo comprendo, pero no me sé ni las calles del Eixample. Al final entiendes que es mejor ir a los progres, pero... Expresión Corporal: “He hecho una ola”. “He hecho un gusano”. Puaf.

Karl Ove Knausgard lo dice bien en su primer libro. Que admiraba la parte izquierdosa de su padre pero despreciaba la parte “femenina” (sus palabras) y suave de su ideario. Lo blando.
Es difícil decir esto, pero ese izquierdismo es poco viril (ríe).

Joder, estoy de acuerdo con eso. Siempre que me enfrento a ese tipo de militancia progre pienso que en una reyerta me dejarían tirado seguro.

(Ríe) A mí me gusta mucho esa idea, que he heredado, de un izquierdismo militar. La limpieza, la frugalidad, la sobriedad, la disciplina, el sacrificio...

Lo de la frugalidad y la sobriedad no te ha salido muy bien, Baños. Bueno, ni a mí, por descontado.

No. Es verdad. Pero los ideales me gustan. Para mí es mucho más de izquierda el servicio de autodefensa de una manifestación que unos cuantos tíos fumando porros en su casa, de “buen rollo”... Eso lo encuentro poco viril, vaya; ya lo he dicho.

Por no decir que la pijoprogresía termina siempre formando parte del establishment.

Porque les da igual una cosa que otra. Al final justifican que para redimir la sociedad lo mejor es ser rico, como Bono Vox. De la misma forma que antes decían que lo mejor era ser pobre. Lo que quieren es sentirse redentores, que es puro pensamiento pijo.

Yo creo que era también para follar. Que si ibas con libros de Kropotkin chingabas y si no, pues no.
(Risas) Lo que más les gusta es desclasarse. Aquí hemos tenido tres grandes hornadas de pijoprogresía: a) los hippies ibicencos y el desclasamiento marxista de los 70; b) los de las Cultural Studies, “me voy a Nicaragua” y tal de los 80 y c) algún sector del 15M. Y lo encuentro bien, vaya: si te quieres desclasar, fantástico. A mí me encantaría desclasarme hacia aristócrata unos cuantos años. Les encanta exhibir esa parte de empobrecerse, de tener un padre rico pero vivir en el squat.

Turismo lumpen.
Sí, “voy a ser el más guarro de todos para demostraros que...”. Bueno, tío: no es necesario. Para mí la imagen del anarquista es aún la de mi abuelo: un señor con corbata y chaqueta. Para demostrar el poder de tu pensamiento, tienes que controlar absolutamente tu vida, tener disciplina. Lo del rechazo a la autoridad me viene, creo, de ser hijo único. Los que tienen hermanos se chivan del otro y acaban negociando. Es política. Pero lo mío era Vietnam. Rompí una mesa de vidrio y traté de negarlo. “No hay nadie más”, me dijeron (ríe). Yo acabé dando mi nombre y mi cargo: Teniente Coronel, 6-8-2... Yo no soy de confrontación directa, ni tampoco negociador. Simplemente me cuesta reconocer el principio de autoridad.

Creo que es algo innato, y no digo esto de forma triunfal. De hecho puede ser un defecto, o algo que haces por puro narcisismo: simplemente te revienta que te den órdenes. Lo de la autoridad a mí siempre me ha costado horrores. De niño ni la entendía, especialmente si el que ordenaba era más simplón que yo.

En los anarcos es una cuestión de carácter. Hay gente que sirve para ser anarco y lo será siempre, aunque no milite ni lea a Kropotkin, y gente que no. Porque es marxista, por ejemplo, y le gusta la organización piramidal, tolera las órdenes... Pero alguna gente lo somos, anarcos. Nos atrae la idea de libertad, pero en serio. Que cada uno tiene que gozar en su vida de la libertad más absoluta. Eso lo llevas en el carácter.




Eso nos lleva a Tu Lucha. Lo que llevas años predicando. Por ejemplo, lo de la reacción, que contabas en "Posteconomía". Lo de atascarnos frente al “capitalismo cinético que se alimenta de los centrifugados revolucionarios”, como dices. Eso se lo solté el otro día a Owen Jones, de "Chavs", y le pareció una idea inmunda.
Vaya, lo lamento. Para mí la idea clave del capitalismo es la cinética. Es un movimiento y es mutante, por eso no puede destruirse. Es continuo. Por tanto, si vas a enfrentarte a él, o tienes fuerzas superiores... Eso es Newton. Es la Tercera Ley de la Termodinámica: la inercia hay que pararla con una fuerza superior. Como ahora mismo no la tenemos (quizás la tuvimos el octubre del 17 en Rusia; ahora no la tenemos), oponer fuerzas es inútil. El ecologismo es un buen ejemplo. En los 60 y 70 opusieron una fuerza potente contra los misiles, contra las nucleares, que iba radicalmente en contra del capitalismo de crecimiento, y al final el capitalismo flanqueó el ecologismo hábilmente y ¡FUM!, se lo comió. Y se quedó con su dialéctica, incluso. Ahora las pensiones tienen que ser “sostenibles”. Una cosa con la que estoy irritadísimo ahora mismo: la app Uber de los taxistas. Una empresa de Goldman-Sachs, Amazon y Google a la que llaman de “consumo colaborativo”. Tú creas un concepto llamado Consumo Colaborativo con la esperanza de que creará un marco de consumo fuera de la competencia, y va Google, lo flanquea, lo compra y crea una aplicación para encontrar taxi. Ya te has quedado sin la palabra. Te has quedado sin el ecologismo. Entonces, la idea es apartarse de esta confrontación. Si ellos son revolución nosotros somos la reacción. No nos movemos. Porque cada aportación es digerida. Y no hay idea más escandalosa para un capitalista que la no-colaboración.

Además, todos esos modernos capitalistas son ex-hippies. Never trust a hippy.

Claro. ¿Has visto los documentales de Adam Curtis? Eso me fascina. Cómo los hippies creen que la máquina los salvará, y luego que el propio capital lo hará. Contra esto hay que crear ideas que no te compren. "Chavs" me encanta y a Owen Jones lo encuentro brillante, pero cualquier empresa sacará una Línea Chavs en breve. Hace unos años veías a pijos con chándal del Ejército Español en el Moog. O nos movemos más rápido y nunca nos atrapan, o nos plantamos como rocas. Como los mapuches con las flechas y los taparrabos. “Solo tenemos la tierra y el agua y moriremos aquí”. Y hay que trabajar con el ejemplo vital. El anarquista da ejemplo. Algunas feministas se quejan de que no aparecen pezones en Facebook. Pues boicotea Facebook. Pero no: intentan permanecer allí, pero cambiarlo. No, hija: la moralidad es elección. Ese discurso de la izquierda actual de querer tenerlo todo, de participar de las virtudes del capitalismo y vivir bien pero luego quejarse en las redes...

César Rendueles decía aquello tan fino de que el 15M no había sucedido gracias a las redes sociales, sino a pesar de las redes sociales.
La protesta derivada hacia la no-protesta. “Ya tenemos 60.000 firmas” (pone voz de pito). “Yo ya he firmao”. Se ha esterilizado un comportamiento. Pero yo soy de lo de siempre: boicot. Huelga. Y como decía mi abuelo: “las huelgas se convocan para ganarlas”. No haces boicot y luego compras algo en el sitio boicoteado. Si el gesto es auténtico y viene de una decisión moral, se acojonarán. No ganarás a base de tuits. O se utiliza (o boicotea) todo muy inteligentemente, o nada. Nos hallamos en un momento de confusión: estamos usando sus paradigmas y su lenguaje, y protestando a través de sus canales. Esto no les hace daño, básicamente.

Hablas de las cuatro D’s: Desertar, Desobedecer, Disolver y Descansar. Y estoy de acuerdo, pero entonces acabamos en el neoprimitivismo. ¡A las cuevas! Porque si no: ¿Dónde te detienes?
Ya. Yo no soy neoludita, y el campo para mí es una cosa que está más allá de la Meridiana y que es muy maco, pero ya está. No soy ni ruralista ni vegetariano ni... Mira, yo no aspiro ya ni a cambiarles (empieza a descojonarse). A estas alturas de la vida, mi única aspiración es acojonarles. Ver que tienen miedo. Que hacen “Ay, ay, ay” en algún momento. Creo que nuestra generación estaría contenta si en algún momento les hubiésemos acojonado de verdad. Como en las batallas de barrio que siempre perdías, pero hubo una en que los malos sí huyeron. No planteo un programa de negación. Creo que sí, que lo primero sería nacionalizar la red y convertirla en tecnología fantástica. Internet durante los 90 mostraba aquel sueño hacker de que podía ser algo transversal, popular... Pero ahora ya no. No sé cuáles son las actitudes generales que hay que adoptar, pero sí las concretas. No sé muy bien qué es la “libertad” pero cuando no me siento libre, lo tengo clarísimo. Ahora tengo claro que hay que boicotear RBA por lo de El Jueves, y tenemos que ir a muerte. ¿Cómo? No tengo ni idea, y esta semana ya tengo la presentación de un libro de RBA (carcajada). Pues taparé el logo, no diré el nombre... Pero sé que eso es una causa.

Estas cagadas y contradicciones nos separan de los fanáticos marxistas que terminan como Pío Moa. Admitir lo atrapado que estás, pero buscar cambiarlo.
El otro día estaba en una charla anarquista en un casal y me llovieron hostias por todas partes. Un chaval muy anarco (y muy joven) decía que había que poner límites, que no podía ser que habláramos con gente de la UGT. “Con ese no hablo y con aquel tampoco”. Joder, mi vecino de delante, el Ángel, es un autobusero afiliado a UGT. Lleva 20 años en ese piso. Yo hablo con él, y lo haría aunque votara al PP. Es un buen vecino. Los grados de fanatismo a veces ciegan a la gente.

En todos los organigramas y corporaciones y sindicatos mayoritarios hay gente validísima. No ver esto es estar separado completamente de la humanidad. No conocer a gente corriente y moliente.
Yo esto lo vinculo de nuevo al pensamiento pijo. Cuando hablan de “libertad” y “civilización”, como no piensan en personas concretas, algunas izquierdas acaban haciendo esas arrasadas mundiales de guillotinar a gente, quemar poblados... Cuando tú lo ves de un modo anarquista y de barrio, conoces a tus vecinos. Ese es del PP, pero también es el frutero. Esa es gente física. Existe. Algunos son de derechas, y otros no te gustan, otros son del Espanyol (sonríe), pero lo de exterminar por ideas es una cosa pija. Yo detesto al PSC, pero ahora he hecho un amigo cojonudo del PSC. Esto lo vinculas de inmediato al humor. Él se burla de mí (¡Perroflauta!) y yo de él. Es un mecanismo muy sano, y quizás más transformador que el otro.

La mofa en particular es algo que te separa de muchos pensadores de la izquierda actual. Porque muchos de ellos parecen curas. Moralistas. Pesaos.
Sí. Que les gusta el mumbatón, que es más de pobres, porque el reggaetón ya se ha aburguesado (ríe). Eso es de pijo. No por clase social, sino por manera de pensar. La trascendencia de la redención humana y todo eso. Y la gente que se lo toma así, tan en serio, no hacen más que ayudar al capitalismo. El capitalismo no es sarcástico, es cruel. El humor siempre disuelve: las piedras del riñón, lo disuelve todo. Ser disolutivo es humorístico por necesidad. Cuando el pensamiento es muy sólido es muy fácil que te aplaste, que deje de ser útil. Cuando te burlas de ti mismo y de tus ideas es mucho más difícil que te atrapen. ¿En qué trampa te van a meter, si eres el primero que hace chanza de su ideario? Vuelve a ser algo de carácter, y también de lecturas: Camba, Jardiel, la otra generación del 27... Porque los de la del 27 de verdad son unos tostones horrorosos. Alberti y todos los demás cursis. En cambio los burgueses de derechas como Jardiel conectan perfectamente conmigo. Porque eran gente razonable.

Me da pena que lo peor de Camba sea su etapa anarquista. Quizás también porque era joven e iluso. Pero es bastante flojo, toda la épica de santón, ni una broma...
Su libro contra la República está escrito desde un espacio republicano, creo yo. Del estilo: “no lo estáis haciendo bien”. Yo me he releído el libro hace poco. El tío veía que algunos cambios eran muy cosméticos. La palabra “enchufe” apareció en La República, cuando se colocaba a todo el mundo por afinidad de cargos y todo eso. Tener miedo a las críticas de los demás nos hace más débiles. “Este tío no puede criticar, porque era de derechas”. Yo qué sé: escúchale, porque en algunas cosas tenía razón. Mira: yo creo mucho en los nuestros. Pero los nuestros muchas veces son idiotas. Y los nuestros también son muy ridículos, a veces, y desconfío de ellos. Claro, yo empecé la militancia con los “antiglobis”, y eran unos pies negros. En muchas cosas tenían razón, pero otras me hacían descojonarme en su cara. Pero daba igual, porque el valor político de su acción era más importante que el desbarajuste estético que imperaba (ríe). Yo miro al David Fernández y le digo:; “Coño, David, vístete un poco, tío. Qué te costará, una camisita...”. Pero eso no importa, porque es más importante que exista un David Fernández que cualquier otra consideración.



De entre los nuestros, a mí me dan mucho escrúpulo los flácidos que decíamos antes, pero también los catequistas. Los que se creen en poder de una certeza moral. El fulano que es más santo que tú; ese me da más asco que un facha tajado en un bar. Porque no tienen sentido del humor, y todo se valora en base a un canon de santidad izquierdista.
Tú lo habrás sufrido más porque operas en ficción. La forma en que estos tíos han secuestrado el lenguaje. La corrección política es uno de los grandes errores de las izquierdas. El blindaje de las minorías, por ejemplo. Como si una minoría no pudiese arrearte dos hostias ella sola. “No hables mal de los negros”... Bueno, ellos no te necesitan a ti para que les defiendas. Ya son grandecitos, y si se sienten ofendidos te darás cuenta, no te preocupes. Es puro paternalismo. Todo ese blindaje sobre lo que se puede y no se puede decir es paternalismo burgués.

En los bares obreros la gente se suele insultar de una manera natural y gozosa. En términos raciales también. Con alegría y simpatía.
A mí me encanta eso. El que está quejándose “de los moros” y luego te habla de su amigo El Moja. La noción es que el Moja es moro pero es su colega. Por anarquismo, tiendo a pensar que la gente ya es grandecita. La corrección política me mata. Primero, porque sin darme cuenta me autocensuro. No puedo decir que algo es demasiado femenino, no puedo decir “mariconada” porque se me comerían vivo. Claro, cuando necesitas la pasta, te bajas los pantalones. Pero piensas: cómo voy a ser Camba si no puedo mofarme de nadie.

Vayamos si te parece a tu lado indepe salvaje. El otro día, tajado en la puerta de un Frankfurt, me dijiste...
¿Te quiero, tío, te quiero?

No. Yo te decía que me encantaría creerme aún más lo del independentismo, porque me parece una idea bastante sensata, pero tengo un problema de credulidad. Que no me creo que vaya a pasar, vamos. Y tú me dijiste que tenía que hacer “suspensión de la credibilidad”. ¿Ese es el método?
Le debió pasar seguro a Lenin en Petrogrado, yendo en el tren. Debía decirse: “no hay zaristas, tranquilo. No habrá gulags. Llegaremos, y montaremos una república de la hostia, todo el mundo igual, lo vamos a petar...”. Si llega a pensar en Stalin, los posibles gulags, la oposición... No habría hecho nada, quizás. Llega un momento en que piensas que el plan no tiene contradicciones ni fallos. Ni enemigos. Las guerras las empiezas porque piensas que vas a ganar. El otro día lo decía en un acto en el Carmelo: nadie se casa pensando en el divorcio. Bueno, alguno quizás sí. Pero en general, la gente cree que estarán juntos siempre, que serán muy felices... Tú podrías decirme: “joder, macho, estadísticas. La química nos dice que la oxitocina se pierde y en tantos años se acaba el amor...”. ¿Por qué te casas entonces? Porque te has creído que será perfecto, que no le olerán los pies ni se tirará pedos ni engordará. Si yo quisiera podría efectuar todo el contradiscurso independentista; incluso encontrarle el punto ridículo que tiene desde una óptica formal. Pero no quiero hacerlo. También creo en el anarquismo libertario, que es igual de ridículo que el independentismo catalán (ríe). Un día lo nacionalizaremos todo, la banca será pública... Me lo creo porque si no, sería un cínico.

A mí me inquieta el tema folklore, la verdad. ¿Qué hacemos todos aquellos a quienes nos parece bien lo de la independencia para librarnos de la oligarquía española, borbones, etc. pero nos la trae al pairo el costumbrismo local? Yo sin rock’n’roll no quiero la independencia.
Para esto tendremos que pelearnos con ellos. Yo quiero la independencia, pero si alguien me dice que la cultura catalana es solo en catalán, que tenemos que bailar sardanas... En mi familia teníamos una casita en Osona, y yo iba de la Barcelona castellana a un pueblito muy de tradiciones catalanas y tal. Y me parecía muy bien todo. Pero a la hora de construir un país que no me digan que aquello es más importante que esto.

Yo puedo imaginarme un país donde alguna gente baile el ball de bastons. Lo que no puedo concebir es un país donde el ball de bastons sea el único elemento cohesivo. En lugar de la rumba catalana, por ejemplo.
Mi negociado es convertir a la gente de izquierdas. De mi ambiente, en la militancia, nadie es independentista. Yo soy como el gay de una familia de legionarios. “Pobre Baños... Está tonto”. Yo creo que el tema del siglo XXI son las identidades colectivas, que no nacionales. Las tribus urbanas, las de red, la cultura de grupos musicales, las étnicas, las indígenas... Igual que el siglo XX era, como diría Adam Curtis, “The century of the self”. El Yo está acabado y habrá una explotación del plural. Entonces: el discursito de: “yo soy cosmopolita y no soy de ningún lado, mañana en Islandia y hoy Nueva York...”. Vale, pero ¿dónde pagas impuestos? Porque eso que dices no es democracia, eso es un pijerío. Yo estoy vinculado a un territorio, que no es el país catalán particularmente, y me siento responsable de los diversos tejidos: el barrio, la ciudad, el país, España, Europa... Y estoy contento de tener varias identidades. El punk es una identidad nacional y transterritorial (ríe). El discurso de: “ay, a mí es que las banderas y las fronteras no me...”. Pues yo sí creo en banderas. Y en patrias. Hay patrias políticas. Yo me cuadro con la bandera negra. Eso me vincula. En resumen, el tema es construir una catalanidad que no sea queca. Es una cuestión de hegemonía: nos la tenemos que currar. Catalunya tiene que ser un país americano, como Argentina o Estados Unidos.

Sin lengua oficial.
Sí. Y la construcción identitaria no es de dóonde vienes, porque la gente viene de mil barcos. Y el chino Sr. Lee acaba siendo un general de cuatro estrellas. Yo no quiero ser europeo, en ese sentido. Quiero que para ser catalán, para que las instituciones sean justas, no se pueda esgrimir origen ni raza.

Claro. Y que en términos culturales los extremeños de Cornellà decidan igual que los de Torroella de Montgrí.
Súmate ha creado un efecto enorme en los catalanitos más... Antes estos votaban CIU, y los charnas al PSC. Súmate está diciendo: muchos charnas queremos una República Catalana. Muchos catalanes de derechas que veían a los charnas como “quinta columna”, que pensaban que siempre votaríamos a “los otros”, están flipando. Porque somos independentistas pero tenemos referentes españoles, lecturas españolas... Eso me encanta.



Para algunos de nosotros ha sido difícil dejar de identificar independentismo con aquellos fulanos del MDT que iban a mi instituto. Una gente horrible. Racistas, estalinistas, y peor aún: jipis.
Decíamos del humor. Yo en aquella época iba a bares del MDT (les decía que era monárquico, para joder) y encontraba lo suyo ridículo y obsoleto, y me mofaba de ellos. Claro, en aquella época si eras de Cornellà ya se te miraba como a un traidor. Para ser aceptado tenías que cambiar de idioma, dar vivas a Terra Lliure... Ser un bon català. Hoy existe una doble revolución: contra la Corona, y por la República. Me gusta que no tenga mucho sustento. Que en Europa no se entienda. “Pero, ¿por qué lo hacéis?” Porque nos sale de los huevos. Un acto voluntario. Solo porque no le gusta a la troika. La troika no quiere divisiones en pequeños estados; eso ya es una buena razón. Y porque es un acto de pura soberanía popular. Los griegos, chipriotas, toda la gente que pide referéndums para anular la deuda... Están pendientes. Si perdemos, se dirá que el pueblo no puede, una vez más. A mí me la está empezando a sudar la independencia de Catalunya y todo (sonríe). Porque es un movimiento popular tan fuerte que acojona a todo Dios. A Bruselas. Cuando vea la noticia “Los fondos de inversión se preocupan...”, ya estaré feliz.

Habrá que tranquilizar a los mercados.
(Ríe) Sí. Cuando vea al tío de La Caixa diciendo: “Catalunya es una nació”, tal y cual, entonces me empezaré a preocupar. Querrá decir que la hemos cagado en algún punto. El independentismo tiene que joder al Rey de España y al jefe de La Caixa. Si no es así, no tiene sentido. Incluso los del Ómnium ven ahora que sin el charna no ganan. Van finísimos, ahora. El otro día les hice un acto en castellano y todo. ¡En el Ómnium!

Mucha gente se está cabreando precisamente porque no les dejan votar. Da igual por lo que sea.
Claro, es que lo de Escocia no tiene mérito. Estaba acordado, es democrático y todo, pero no es históricamente relevante. Pero aquí lo de sacar las urnas será un acto revolucionario. Una urna “ilegal” es un concepto muy grande. Eso nos beneficia mucho. Que ahora le digan a la gente que sacar esa caja es un delito.

Después de tantos años celebrando la gran fiesta de la democracia...
Sí. En este momento tenemos un tema que es muy difícil que nos roben, que nos flanqueen. Por primera vez las urnas no son del Estado. Las ponemos nosotros. Y la pregunta da lo mismo. Es el acto físico de defender esas urnas. Y aquí cogemos a mucha gente que entenderá que es un acto de rebelión.

He leído por ahí que te has topado con mucha gente en la izquierda española post-15M que no digiere demasiado bien el discurso plurinacionalista.
Bueno, es que hay dos 15M. Uno es el de la gente que ya militaba de siempre en movimientos sociales, y de repente se apuntaba al 15M. Yo por Plaza Catalunya iba saludando a todo el mundo: “qué tal, tú por aquí, sí, ja hi tornem a ser...”. No era una gran novedad. Por otro lado estaba el acto generacional de los más jóvenes, para quienes aquello era un acto generacional. Como ir a Woodstock, o el primer polvo. Claro, ellos tienden a llevar esto a un punto que no me es útil, porque yo ya voy hacia los 50. La idea del 15M como epifanía que lo cambia todo... El PP ganó por mayoría absoluta solo un año después, vamos. En ese sentido, hay lemas del 15M que encuentro preocupantes. ¿“¿No somos de derechas ni de izquierdas / Somos de los de abajo y vamos a por los de arriba?”? No diré que suena al pueblo alemán y las élites bancarias judías, pero casi. Hay unos banqueros muy, pero que muy malos, que ríen así ji-ji-ji...

Algunos de ellos catalanes, para colmo...
(ríe) Exacto. Y por otro lado está el noble pueblo. El 99%. Los de “abajo”.

El Volk.
Claro. Este supuesto del 1% muy malo y el 99% buenísimo es muy facha. No existe el 99% puro. En medio hay maderos, funcionarios, gestores, inspectores de hacienda, patronos, hijos de puta en general... Además que como ese 1% imaginario está tan lejos, jamás lo podrás derribar ni pegarle un tiro en la cabeza. Otro lema que me irrita: “Somos marionetas en manos de políticos y banqueros”. ¿Y los capitalistas? ¿Y los pequeños empresarios? La gente no trabaja para “banqueros”. Trabaja en empresas donde hay EREs, Recursos Humanos, que no te contratan si tienes más de 45 años... El descontento de la gente es ese, no el otro. De nuevo, suena mucho a Alemania en los primeros años treinta: una clase política que traiciona a Alemania durante la Gran Guerra, y unos banqueros de la Internacional Judía. Los empresarios han quedado indemnes, respecto a esta parte intelectual del 15M (que no es todo). Es gente que no viene de entorno laboral ni sindical. Para ellos los problemas son siempre abstractos. Es como si las relaciones de poder del capitalismo hubiesen desaparecido. La plusvalía, la propiedad de los recursos... Todo es propiedad pero parece un campo de margaritas (carcajada), como en los anuncios de Movistar. Pero ese móvil lo tienes porque un chino ha muerto aspirando vapores.

Ser el más rebelde de Facebook es la cosa más triste que yo pueda imaginar.
En esto soy un facha tradicionalista. Las cosas te las tienes que currar. Para ser de izquierdas hacen falta muchos años. Tienes que leer muchos libros, tienes que comportarte bien, tienes que pasar muchas horas en el mismo sitio... Esa idea espontánea, de ser el más lefty de la red, sin cultura obrera, ni anarquista, ni marxista, ni nada, me parece de una ignorancia pasmosa. Es como el anticatalanismo. ¿Tú sabes algo de esto? ¿Has leído a Rovira i Virgili? Si quieres opinar, te lo tienes que currar. Esta idea de que la opinión es solo la destilación de una experiencia vital seria... Tú, chaval, ¿cuántas horas dedicas a intentar entender las cosas? Connecting people no es suficiente. Veo mucha banalidad, y la banalidad es inane. El 15M no ha hecho daño al poder. ¿Alguien aquí está dispuesto a ir a la cárcel, o a pagar multas enormes? Algunos en el 15M se quejaban de que militar sí, pero que no les quitaran horas. Porque tengo Pilates (risas). Al final he acabado concluyendo (yo, que estaba en contra de los Yos y solo pensaba en términos plurales) que lo que en cierto modo hace falta son más Yos robustos: individuos rectos, serios, incluso viriles (carcajada). Porque son los adoquines con los que se construye una revolución.

Ser izquierdista de verdad es cansadísimo. Admiro en ese sentido a la gente que milita como tú, mientras yo languidezco en mi chaise longue, acariciando con abandono mi laúd.
(Risotas) Yo no milito tanto, sobre todo por temas de lenguaje. Porque estoy todo el rato diciendo que me chupen la polla, utilizo lenguaje sexista, estoy a favor del porno...

O sea, que te han obligado a no militar. Atrás, Baños, atrás.

Por el bien de los movimientos sociales (carcajada).


Fotografia de portada:Lluís Huedo
Text:Kiko Amat
Correcció: Pablo Gerschuni / Pol Camprubí

9 comentaris:

Anònim ha dit...

Enorme Baños, aix`si, lo millor, lo dels quintos de cervessa :)

Anònim ha dit...

Urgeix que Kiko Amat entrevisti a Kiko Amat Serà la manera de que deixi de parlar d’ell en les entrevistes d’altres i s’estalviarà quedar com una lloca presumida. Per una altra banda: llarga vida a Boncompain.

Anònim ha dit...

Me despego del texto en la frase: "El baile con la más fea."

Anònim ha dit...

Molt bo. Moltes gràcies. M'ha ajudat a entendre l'evolució de la CUP.

Zana ha dit...

Tanta demagogia seudomarxoanarquista, tanta anécdota de las historietas familiares con el politiqueo para darse el pisto, para dejar caer que atacar a la banca es una exageración. No le gustan los que niegan el cuento de la izquierda - derecha y ven a los vampirizadores de las economías "como un señor feo y malo que dice "ji, ji, ji".
El volk, el volk, añade el entrevistador skinmodfashionpop, o lo que sea, que ya se sabe... se empieza por atacar a la banca y se acaba invadiendo Polonia.

O no se ha enterado de nada (¿para eso tirarse veinte años leyendo tochos anticapitaliskis?) o es un Pilar Rahola de la vida. Seudoizquierdistas y encantados con el FMI y derivados.

Aunque tiene su sentido, porque en el fondo, si se acabara cosas como la esclavitud hipotecaria o la financiación de guerras que permite a la finanza vivir a costa del 95% de la población. ¿De qué vivirían los demagogos de la rebeldía? Unos y otros se necesitan

Zana ha dit...

Aquí se le escapa otra vez, al charlas:
"Otro lema que me irrita: “Somos marionetas en manos de políticos y banqueros”. ¿Y los capitalistas? ¿Y los pequeños empresarios? La gente no trabaja para “banqueros”. Trabaja en empresas donde hay EREs, Recursos Humanos, que no te contratan si tienes más de 45 años... "

No te irrites, hombre, ya quedó claro que lo tuyo es el pedante - revolucionismo independent de boquilla sin tocarle el peluquin al estamento usurero del ji, ji, ji

Y hablando de pedantería... Supongo que será parte del personaje creado, pero todos los artículos del Alta Fidelidad catalán rezuman un autobombo y un tirarse la caña de tipo cool y leído que agota bastante.

Eso y hablar de artistillas irrelevantes del undergraund (y sus novias inventadas y sus droguitas espidicas, y las anecdotas exageradas sobre su vida) como si fueran genios por descubrir, tampoco hacen más amena la lectura (de las entrevistas, no de comprar OTRO tocho más sobre las andanzas del ramoncines o raylorigas subterráneo en cuestión)

Excepto cuando la cosa desbarra tanto que hace reír, como lo del vital y desgarrador libro rock de la adolescencia quinqui del hijo del dueño de discopub Carisma de Manresa, o algo así creo que era. Me duermo.

Anònim ha dit...

Será la tercera ley de la Dinámica. No la termodinámica.

Terroperiodistas ha dit...

Pocos mapuches ha visto Baños si cree que van en taparrabos y com flechas...

CitricoDeCine ha dit...

Només dir que els comentaris tant passats de voltes de Zana treient escuma per la boca em fan molta gràcia. I de pas dona la raó a bona part del que diuen entre bromes a l'entrevista. Les veritats ofenen, ja se sap.