26 de maig 2017

UN YO POR PARTES (per ELI MOLINA)



Si el sueño fuera (como dicen) una
tregua, un puro reposo de la mente,
¿por qué, si te despiertan bruscamente,
sientes que te han robado una fortuna?

¿Por qué es tan triste madrugar? La hora
nos despoja de un don inconcebible,
tan íntimo que sólo es traducible
en un sopor que la vigilia dora

de sueños, que bien pueden ser reflejos
truncos de los tesoros de la sombra,
de un orbe intemporal que no se nombra

y que el día deforma en sus espejos.
¿Quién serás esta noche en el oscuro
sueño, del otro lado de su muro?


El otro, el mismo, Borges 1964

Yo flotaba, controlaba todos los movimientos de mi cuerpo, reconocía el momento y me dejaba caer al vacío, desde una ventana, desde el borde de un precipicio o desde arriba de un árbol, sabía que estaba soñando y tomaba el control, y lo que más me gustaba era soñar que volaba. Eso fue hace muchos años, cuando era muy niña, me encantaba irme a dormir. Me levantaba y ya empezaba a programarme la cuenta atrás para llegar al momento de volverme a meter en la cama. Era capaz de crear mi propio sueño, de montarme un país maravilloso, de tener poderes como el del fantástico "dedo rayo" que dejaba frito al primero que pasaba, pero lo mejor era cuando me daba cuenta de que estaba soñando, me pellizcaba, y al no haber dolor iba directa a tirarme por el primer agujero que me plantaba delante para poder volar. Todo esto acabó el día que mi madre me encontró sonámbula encima de la lavadora, junto a la ventana de la galería. Me prohibió que siguiera dando rienda suelta a eso del volar en sueños, menudo bajón, mi gozo en un pozo.

Muchos sueños me han ayudado a entender cosas de la vida "real", a quitarles hierro o simplemente a relajarme para tener un día "real" mejor de lo que me esperaba, por la sensación que me dieron, como si hubiese pasado por una sesión de esas de spa. También me han arruinado el humor y el día en cuestión y me han llenado de miedos inútiles como el clásico "hay alguien más en la habitación, vamos a hacer rica a la compañía eléctrica, encendamos la luz toda la noche", esto hace pocos años que lo superé, desde que duermo sin persiana vaya. Mi vida va intrínsecamente ligada a mis sueños, para lo bueno y para lo malo. Hay mañanas que me levanto como si me hubiese pasado un tractor por encima también y eso que dicen que Morfeo tiene unos brazos amigos, sí, muy amigos, de algodón espino... Sufro desde hace muchos años lo que se llama "parálisis del sueño", una especie de desconexión entre tus fases de dulce sosiego y la realidad, para explicarlo de una manera que lo entendamos todos. Tu cuerpo gravita por Trafalmadore pero tu mente se planta de nuevo aquí y no te puedes mover cuando te das cuenta de que te está pasando, tu cuerpo no está aquí, no sientes nada y tiene sus complicaciones. A veces puedes dominarlo y traer de vuelta el cuerpo para acá pero otras se convierte en una pesadilla.

¡Qué tiempos aquellos en los que yo mandaba! Y qué raro es todo, medio pie aquí y medio pie quién sabe dónde. Han pasado años hasta que he conseguido asumir que esto me pasa, ha sido un horror, a veces aún lo es, casi siempre. Mi gente cercana sabe que si observan alguna cosa rara mientras duermo (solo puedes controlar tu respiración, al menos yo, y me convierto en un búfalo sacando aire por la nariz para que se percaten) deben despertarme, zarandearme, a veces hasta darme una buena torta para que vuelva, pero, ¿y si algún día comparto cama con alguien menos conocido? ¿Qué le digo? ¡Eh! Si ves que hago cosas raras rollo la niña del exorcista, ¡despiértame! Sí, la loca. Eso he pensado (y vivido) durante gran parte del camino, hay gente que se asusta. La verdad es que me da bastante igual ya el qué pensarán, la ayuda es lo primero, es lo que hay y si no a dormir al parque. Y tuve mis momentos de gloria. Algunos en los que oyes a tus amigos discutir sobre si despertarme o no, porque "¡está soñando!". "No es bueno despertar a la peña cuando sueña bla bla bla" y tú queriendo morderles una mano cuando gana el "está soñando, dejémosla descansar" y ahí te quedas, tan cuqui. U otros en los que me descuajaringaron el omóplato para que me "desconectase" y al volver y saltar de la cama también me planché la cara. Depende de cómo se mire. La cuestión o lección, o verdad, es que no somos sin esa parte en la que no estamos, y que hay que cuidarla. Vives y duermes; vives despierto, vives dormido. En mi caso debo descansar más, "higiene del sueño" que dice mi médico, un horario estricto para dormir, una prioridad que nos tomamos a la bartola. Los días no nos lo ponen fácil, demasiadas cosas, demasiado acelerador.

No he vuelto a volar, quiero decir, no he vuelto a sentir "eso" que no soy capaz de describir con palabras, esa sensación se queda solo para mí, no hay nada malo en quedarse con cosas para una misma. Soñar es un placer indescriptible; la mente, una máquina a explotar con un sinfín de recovecos y la cama... La cama es uno de los mejores inventos de la historia y cuando está bien hecha ni te cuento. Hay quienes piensan que dormir es perderse la vida, a mí me gusta también soñar con ella, por eso la cuido o eso intento.

Eli Molina (cabeza con patas en Fighter Pillow y estudiosa del rock y sus múltiples aplicaciones en la vida diaria) @NervioRec

Fotografia de portada: Eduard J. Montoya 
Text: Eli Molina 
Il·lustració: Alba Feito
Correcció: Pol Camprubí