23 de febr. 2017

VIAJE AL CENTRO DEL PLACER: ENTREVISTA A MARÍA CABRAL



Estaréis todos enterados (y un poco hasta los mismísimos ovarios) de oirme hablar de mi profesora de booty dance, Kim Jordan, y lo bien que me están sentando sus clases. Hay ocasiones que merecen que vuelva a la carga con el tema, una podría ser el próximo encuentro con la pionera queer del twerk, Big Freedia, el 11 de marzo en Madrid, y otra la reciente entrada en la ecuación de María Cabral, sexóloga, que añade una enorme reflexión teórica a todo lo que andabamos haciendo hasta ahora. María y Kim, juntas, plantean otro enfoque interesante a través de “Viaje al centro del placer”, un workshop donde se habla de sexualidad femenina, y también se practica (o mejor dicho, se enseña como mejorar la práctica). El próximo se celebra el sábado 4 de marzo en el Centre Cívic de Can Deu (Barcelona), de 10:30-18:30h. Pero hagamos un pequeño avance: con María, hablamos de autoerotismo y erótica compartida, fisiología del placer, deseos y fantasías. ¿En qué pensamos cuando hablamos de sexo?

Me cuenta que “generalmente, si oímos sexo, pensamos en coito heterosexual practicado por personas en edad reproductiva y sin diversidad funcional. Pero el sexo, más allá de los consejos de revistas para chicas y de los supuestos avances en neurociencia, no puede presentarse como algo medible, objetivable ni cuantificable. Vivimos en un mundo donde esto genera mucha angustia, por eso triunfa la religión, por su capacidad para dar respuestas unívocas y cerradas. El problema es cuando la ciencia quiere ocupar el lugar de la religión y empezamos a hablar de cerebros masculinos y femeninos, etc. Como si una foto del cerebro pudiera dar cuenta de la vida de un sujeto, de sus miedos, angustias, goces, anhelos... Ninguna ciencia tiene todo el saber, ni toda la verdad, precisamente porque el sexo da cuenta de aquello que de singular tenemos todas y todos. Entonces, para la sexología, el sexo es aquello que diferencia, da singularidad, posibilita la toma de conciencia de nuestra vulnerabilidad.”

“La lectura que se hace de la diferencia sexuada tiene un claro sesgo de género, ya que pone énfasis en lo binario y oculta lo que de intersexuados tenemos todas y todos. Es decir, si nuestra cultura entiende que solo hay dos géneros, sólo puede ver el sexo de forma dimórfica. Pero la realidad es que la diferencia sexual es intersexuada y que la intersexualidad es la norma común a todas y todos, pero el grado varía de un sujeto a otro. Por tanto, es absurdo hablar de sexo sin hablar de diversidad ya que todas y todos somos únicos e irrepetibles.”

Esta descripción me hace pensar en que la libertad de sexo queer de la que hace poco Shaina Joy Machlus nos ofrecía unos cuantos testimonios. Un erotismo libre como el que mencionaba Valérie Tasso, donde “la erótica es la manera que tenemos los seres humanos de vincularnos con los demás, y que incluye el amor, la ternura, el follar y facetas muchos más oscuras y siniestras de asociarnos con lo otro.” Cuando me intereso por si el erotismo tiene siempre una finalidad sexual, María me responde: “Si entendemos el sexo como lo he explicado antes, la erótica siempre tiene un fin sexual: hacer que los sexos se encuentren. Es decir, el sexo es lo que somos, la sexualidad es la manera en que cada sujeto vive el hecho de ser sexuado y la erótica es todo lo que sucede al nivel de los gestos con el objetivo de que los sexos se encuentren.”

En la mitología griega, Eros no era solo el dios que encarnaba la fuerza del amor erótico, sino una fuerza primordial de cohesión. Tasso lo explica muy bien en su libro Confesiones sin Vergüenza (2015) cuando cita a George Bataille para quien el erotismo es “la afirmación de la vida hasta en la muerte”. De ahí que se nombre el orgasmo como la petit mort: sentimos la necesidad de trascender, salir de nosotros para formar parte de un todo más grande donde el yo queda diluido por un instante. Para muchas personas es difícil entender el sexo de esta manera porque choca directamente con su moral. Otras necesitan reducir esta complejidad en algo más simple, sencillo, asequible, manejable y que genere menos angustia.”

“La ignorancia es una de las grandes pasiones humanas. Todos y todas hacemos eso del aparentar no saber o no querer saber para vivir más tranquilos. Pensar que todo está pautado por la biología o por dios es muy tranquilizador y evita tener que responsabilizarse. Es por este motivo que la sexualidad puede y debe ser abordada desde diferentes disciplinas, pero para mí es importante saber que nadie tiene todo el saber y que además nadie puede imponer un diagnóstico, ni un juicio sobre la sexualidad de otro/a.”



“¿Qué es lo femenino? ¿Qué es ser mujer? La respuesta jamás puede ser un universal. Pongamos por ejemplo la vulva: tener vulva y ser mujer no siempre se correlacionan. Seguimos asociando lo vulnerable, lo indefinido y sin límites y lo dependiente a las mujeres. La fuerza, la potencia y la independencia siguen considerándose masculinos y gozan de mayor prestigio. Tanto, que la misoginia no es patrimonio de los hombres, también las mujeres la hemos interiorizado. Madonna habló recientemente de cómo las mujeres desplegamos la misoginia y muchas nos sentimos identificadas. Lo cierto es que hay un feminismo hegemónico que también quiere atribuirse el poder de opinar sobre los cuerpos de las mujeres: véase todo lo acontecido con Sara Carbonero, todas las críticas que feministas históricas hicieron, en este caso, a Madonna, la negación de incluir en la luchas feministas las reivindicaciones de las mujeres transexuales, etc.”

“No me parece mal que los feminismos discutan y debatan entre ellos porque eso demuestra la enorme diversidad que existe entre las propias mujeres. El problema no es la discusión en sí, sino la manera en que esa discusión se da. Estamos poco acostumbrados a debatir de forma dialéctica, necesitamos situarnos siempre a favor o en contra y eso empobrece nuestra manera de relacionarnos. Ahora bien, no creo que sea un rasgo del feminismo, sino un síntoma del mundo en que vivimos. Donde sí veo mucho odio a lo femenino, es en ese antifeminismo organizado que se empeña en negar la situación de desigualdad histórica que viven las mujeres y en igualar la lucha feminista con el nazismo u otros regímenes totalitarios.”

Hablando de violencia totalitarista, y ya que también trabajas en el ámbito de las violencias machistas, vinculándolo con el tema general del deseo y el placer femenino ¿cómo quedan afectados? ¿hay alguna forma de que podamos ayudar a restaurar el deseo en las víctimas de la violencia de género?

“Yo diría que las mujeres que están en situación de violencia machista no forman un todo homogéneo y por tanto no hay una única respuesta a esta pregunta. Lo que observamos en muchas mujeres, y no sólo en aquellas que están en situación de violencia machista, es la desconexión con el propio deseo y la dificultad para reconocerlo. El ser para otros y el cajoneo amoroso forma parte del aprendizaje de la identidad femenina. Es decir, aplazar el propio deseo y la satisfacción de las propias necesidades en aras del cuidado de los otros, se repite en muchas mujeres. El trabajo de acompañamiento es diferente en función de la figura profesional, de la situación particular de cada mujer y se hace siempre en función de su demanda y de si es o no una necesidad sentida por ella. Lo más importante es no imponer ningún diagnóstico, no revictimizar, escuchar sin juzgar y acompañarlas en el proceso. No son pocas las mujeres que sí salen de su situación de violencia y rehacen su vida y casi no se habla de ellas."

Después de esta intensa conversación con María Cabral, siempre quedan ganas de continuar, de saber más y de contribuir a este discurso mutable que crece con nosotras. Por supuesto, podéis leerla aquí o, mejor, ¿por qué no os apuntáis al taller este sábado 4 de marzo y le comunicáis vuestras dudas en persona?

Fotografia de portada: Lucía Herrero
Text: María Cabral i Aïda Camprubí
Correcció: Pendent