20 de gen. 2017

LOS CARNAVALES (per VERÓNICA ALONSO)



Cuando yo tenía 3 años, mis padres y mis hermanos que vivían en Badalona hacía ya casi diez años volvieron a Cantabria porque a mi abuela, que vivía en Torrelavega, le tuvieron que cortar una pierna. Mi padre pidió un traslado a Cantabria en su trabajo y le mandaron a Santoña. A este pueblo costero que seguro os suena por Revilla y sus anchoas, nos mudamos: mi padre, mi madre, uno de mis hermano, mis dos hermanas y yo.

Poco sabíamos de este pueblo conectado por un lado a la península por una carretera de puentes que tenían al pueblo atemorizado cada fin de semana por su tasa de accidentes de primerizos con el carnet de conducir y por el otro lado marismas y una cárcel de alta seguridad con vistas a la playa. Mis padres siempre han intentado integrarse en todos los sitios donde han viajado y aquí lo hicieron muy bien. Creo que por eso les han salido unos hijos tan viajeros a los que se les ha enseñado a respetar cada lugar que visitaban.

Me pasé toda mi infancia y adolescencia en Santoña y de las cosas más divertidas que recuerdo son las fiestas de la Virgen del Puerto a final del verano y LOS CARNAVALES.

Los carnavales en Santoña eran y creo que aún son el acontecimiento más importante del año en el que absolutamente todo el pueblo se vuelca y aporta su tiempo en organizarlos. La fecha coincide, como en todo el mundo, entre finales de febrero y marzo pero en este caso se extiende a casi dos semanas. En Santoña, copiaron la tradición de hacer canciones tipo chirigotas de Cádiz pero llamándolas murgas como en Canarias, que consiste en peñas de amigos que se unen para crear canciones con música de éxitos de hoy y de siempre con letras críticas sobre lo que ha pasado en el año. Hay tantas murgas que se dividen en infantiles y de mayores. Un dato a comentar es que mis amigas y yo teníamos una murga infantil que pasó a la categoría de mayores cuando cumplimos 15 años y fuimos la primera murga de mujeres que hubo en Santoña, nunca ganamos pero si pasamos a finales y todo, nos llamábamos Las Golosonas, no nos quisimos cambiar el nombre. Éramos jóvenes y rebeldes con muchas ganas de que nos escucharan.

Las murgas entran en concursos cantando por los bares y en el polideportivo del pueblo. Son parte muy importante del carnaval ya que las peñas están más de 6 meses preparando, música, letras, baile y disfraces... Disfraces, ¡ahí quería yo llegar! Todo comenzaba con el pregón el “día del moro”, afortunadamente este día desapareció hace unos años y ya sólo se lee el pregón. Seguido es el “día del niño” o en lo que deduje con el tiempo para mí  “el día de la resolución rápida y la creatividad”. Este día era el día en el que los niños eran los protagonistas y los disfraces se dividían en varias vertientes:

- Vestidos de niños en la guardería, osea, baby, dos coletas, piruletas, pecas y mofletes rojos
- Niños disfrazados de sus héroes de cómic o princesas Disney

Y la vertiente más creativa:

- Los rezagados: Dígase de aquellos a los que les ha pillado en el último momento, o no sabían que si no iban disfrazados eran los raros del carnaval y no habían preparado nada, en este grupo se pueden incluir: el clásico sábana blanca con agujeros a la altura de los ojos para ver por donde caen los kalimotxos, con leyenda en la espalda “soy la leche” o el más típico cambio de género mediante los vestidos de tu madre o los trajes de tu padre que había por casa, peluca, bigote y maquillaje.

El día siguiente era el día más importante, “el día grande” en este día proliferaban los disfraces grupales y se enseñaba todo el trabajo de los pasados meses. En este día hay nivel. Se ven disfraces tropicales al más puro estilo carnaval de Brasil con jerseys de cuello alto y leotardos, disfraces grupales de objetos como el año que fuimos de lápices de colores Alpino y gomas de borrar Milan o del maravilloso año en el que a mi madre se le ocurrió vestirnos de paquetes de tabaco y caja de cerillas a mi hermana y a mí a la tierna edad de 14 y 6 años respectivamente junto con nuestras amigas y amigos del cole. Mi madre era la artífice de todos aquellos maravillosos disfraces que salían de mi casa. Teníamos un armario y un baúl en el que ella guardaba todo lo que podría ser un posible disfraz, así con unos toques, semanas antes todos íbamos perfectos en el día del niño y nos lucíamos en el día grande. Ella fue la primera estilista/diseñadora de vestuario que conocí. Se preocupaba antes que todos de lo que nos íbamos a disfrazar, buscaba las piezas, nos tomaba medidas, los creaba, cosía, montaba... No lo hacía sola, a todos nos daba trabajos, pero era ella la jefa del departamento. Nos vestía, maquillaba y preparaba a todos, porque en mi casa nos vestíamos todos, hasta los invitados. Todos menos ella, ella no se disfraza. Ella iba a las gradas a vernos pasar, era lo que más le gustaba.

El día grande daba paso al domingo y casi último día de los carnavales en Santoña: “el día del entierro del besugo”, todos de negro, bien vestidos y llorándole al besugo muerto de amor en el final de los carnavales. La celebración empieza en la plaza del pueblo con la representación de un juicio en el fondo del mar. Nuestro protagonista, el besugo, está enamorado de una sirena hija de Tritón, el rey del mar, en el mar están prohibidas las relaciones entre pescados y sirenas así que los juzgan por su amor prohibido. En un momento casi al final del juicio la sirena rechaza al besugo y él enamorado hasta las branquias de ella sufre un ataque al corazón (con sonido HD en toda la plaza de un "cocoon" más intenso que la película Ghost) y muere de amor. Toda la gente del pueblo vestida de negro y llorando su muerte lo lleva a la bahía en procesión y lo quema. Aquí todos pensaríamos que se acaba el carnaval que ya lleva hace más de una semana activo con las murgas, pregones, peñas disfrazadas... Pero ¡no! Cual es la sorpresa que llega el sábado porque no tenían suficiente y se celebra “el día del aldeano” todos a rebuscar en los armarios y a vestirse de paisanos, gente del campo y de las montañas. Este era el día favorito de mi padre, solía vestirse y meterse tanto en el papel que no se le reconocía. Había años que no nos avisaba que se vestía y no le conocíamos por la calle. Creo que él siempre quiso ser un hombre de montaña y campo y por eso lo disfrutaba tanto. Mi madre por supuesto se encargaba de todo su vestuario, bigotes, pelucas y atrezo para que nadie supiera quién era y pudiera tomar el pelo a quien quisiera aunque fuera sólo por unas horas. Recuerdo que este día era el menos esperado y el que menos gente se disfrazaba, pero el más divertido, había más actuación con la gente en las calles y el traje era mucho más cómodo y calentito.

No os podría decir que hubo un año de los 14 años que pasé en Santoña en el que no nos disfrazáramos. Cada año, mi madre tenía alguna idea y nos ponía a todos a trabajar para estar preparados los días del carnaval. Los carnavales en Santoña nos unían mucho como familia y nos han dado muy buenos recuerdos guardados en álbumes de fotos. Aquí algunas muestras:

DÍA DEL NIÑO, MI HERMANA Y YO DE “PUNKIES DE LOS 80"



PRIMERA FOTO: DÍA DEL NIÑO: POPOURRÍ FAMILIAR DE DISFRACES QUE HABÍA EN CASA: PRESO, MONTAÑERO MI PADRE DE ALDEANO (POR SUPUESTO), MARIPOSA HECHA CON MEDIA Y PINTADA A MANO POR MI MADRE Y YO DE BRUJA.

SEGUNDA FOTO: MI PADRE DE VENDEDOR DE CERÁMICA AMBULANTE Y NOSOTRAS CON EL MARAVILLOSO DISFRAZ DE TABACO Y CAJA DE CERILLAS CON EL QUE NO NOS PODÍAMOS SENTAR, ERA DE MADERA…



Verónica Alonso (estilista de profesión y baterista de vocación en Me and the Bees) @lomismoescierto

Fotografia de portada:Eduard J. Montoya 
Text: Verónica Alonso 
Correcció: Pol Camprubí

1 comentari:

Rosa Alonso ha dit...

Me has trasladado a muchos años atrás. Yo no estaba ya en casa por aquellos días, pero me acuerdo de los años ateriores. La casa llena de gente, la máquina de coser de mamá que no paraba ni un momento, las risas, los nervios, las fotos. Gracias hermanita.