27 de gen. 2017

ASIGNATURAS DE LIBRE ELECCIÓN (per ELI MOLINA)



Que los tiempos andan revueltos no es ninguna novedad. Un día sales tan ricamente peinada de tu casa y posibilidades hay de que vuelvas con tu moño en modo visera. Al humano le gustan los conflictos, de cualquier tipo, a mayor o menor escala. El puteo es tendencia, siempre lo ha sido, antes que tú y que yo, y siempre lo será. Yo empecé a conocerlo en el colegio, como casi todos. Que levante la mano quien no ha vivido esa lucha en clase. Es cierto, sí, muchas cosas se aprenden en la escuela, y de ahí sí que no podías escapar hasta que sonaba la hora o lo que rayos sonara para salir corriendo. Si eras lista, pillabas, si eras tonta, pillabas, si tu jersey no era guay (y aunque a mí me parecieran brutales los míos, parece ser que no lo eran), pillabas, si ibas con unos, pillabas, con los otros, igual y por libre, ni te cuento.

La cosa iba de que te hacían palmas las orejas o te rompían la autoestima. Ante la novedad en este estado de sitio, yo me saturé, mi base de datos no reconocía estas situaciones. ¿Qué tendría yo? ¿7 años? Yo que sé, por ahí anda la cosa. Venía de subirme a los árboles y jugar con mis primos, era la primera vez que me veía amenazada por otra persona, alguien que no era ni más ni menos que yo, y lo flipé. Pero no me duró mucho esto, porque el día que me cansé de callar empecé a repartir. Me planté, pensé que no tenía nada que perder al verme tan acorralada, transformé mi miedo (y estaba realmente asustada) en tortas con la mano abierta. Por regla general estuve bastante tranquila el resto de la EGB, quitando algún nuevo iluso que llegaba y no sabiendo cómo me las gastaba, entraba en territorio pantanoso y salía escaldado. Yo lo solucioné así, aunque realmente una solución no era. A día de hoy sigo estando en guardia, sigo reconociendo a quién intenta encubrir sus inseguridades, sus iras o sus sacos de mierda tirándotelos (más o menos sutilmente) encima para hacerte la vida imposible y así despistarse de la suya que parece ser que muy bien no va, y me alejo a 100 km/h. Pero la diferencia es clave, ya no somos niños, no es lo mismo. La escuela se acabó hace más de 20 años, mucho más. Ni lo que se te viene encima es un niño riéndose de tu jersey, ni lo que se le viene a él es tu mano haciéndole un abanico de colores. Ya no tienes tu cabaña en el árbol y el mayor de tus problemas no es el coñazo de libro de "vacaciones Santillana" que te daban en verano.

Hoy he visto llorar amargamente a una buena amiga. Como soy un poco cafre y era muy temprano, muy muy temprano, no se me ha ocurrido otra cosa que preguntarle de sopetón si se le había muerto alguien. Mi cerebro, que iba solo con un café, ha pensado que no daba tiempo aún a que hubiese pasado nada y no sé, ¡¡la veía fatal a la pobre!! Me ha explicado que unas madres le hacen la vida imposible cuando va a buscar a su hija al colegio; mejor esto que lo de la muerte, claro. Insultos, amenazas y burlas gratuitas jugando cerca de los 40. Es su primera vez, me ha contado que nunca le había pasado algo así, espero que sepa pararlo y lo solucione, miedo 0, para todo.

En el barrio donde me crié, hay peña para quien los años no han pasado. Hay muchos barrios así, por todas partes. Salieron de la escuela, llegaron al instituto. Las mismas reglas de juego, siempre dentro de la seguridad que les dio el mismo barrio, nunca más allá. Allí siguen porque no quieren ir a otro lugar donde las reglas las marquen otros o simplemente no haya reglas, donde realmente puedan ver que las cosas se mueven. Debe darles bastante miedo tanto espacio abierto, no sé yo ahora quién está realmente acorralado.

Eli Molina (cabeza con patas en Fighter Pillow y estudiosa del rock y sus múltiples aplicaciones en la vida diaria) @NervioRec

Fotografia de portada: Eduard J. Montoya 
Text: Eli Molina 
Correcció: Pol Camprubí