19 de nov. 2016

PEQUEÑO HOMENAJE A UN AMIGO QUE YA NO ESTÁ




Hoy hace un año que perdí a uno de mis mejores amigos, J. Para los dos la música siempre fue algo muy importante, sin embargo nunca fui del todo consciente hasta estos últimos meses de hasta qué punto la música sirvió como hilo conductor a nuestra amistad. Tengo mil recuerdos felices y en la gran mayoría hay música de fondo.

Además, una de las cosas que más me gustan del mundo es bailar. Y no es que él fuera un mal bailarín (siempre recuerdo un baile muy característico suyo, hacia atrás, mirando y controlando en el buen sentido a quienes bailaban a nuestro alrededor), pero se casó con la mujer que mejor baila del planeta, G. Y aquello fue una conjunción mágica para mí. Durante años formamos el mayor dream team de desgaste de suela bailando y desgañite vocal.

No me quiero extender porque cualquier cosa que escriba no llegará a reflejar ni un poquito de la gratitud que siento por los momentos brutales que vivimos juntos. Creo que lo más acertado será escribir una carta de amor en forma de recuerdos musicales. Estamos hablando de música y amigos. Pocas cosas hay mejores en este mundo. Oro puro, pero ya sabéis de lo que os hablo, ¿verdad?

Si eres de un pueblo pequeñito y alejado de cualquier centro neurálgico cultural, ir con 19 años a tu primer festival y conocer a gente como la que siempre habías soñado conocer deja huella. Además, aún no lo sabía, pero aquello fue el comienzo de una amistad que duró casi 15 años como 15 soles. Qué bonito aquel Benicàssim de 2001.


Mi primera vez en Barcelona. J. me lleva al Astin, donde le volé las gafas de un tortazo sin querer mientras Miqui Puig pinchaba Mecano. Las encontramos en una esquina, aquello fue un milagro. Después, al Apolo. Si no recuerdo mal, en la planta de arriba había una sala diminuta llamada Picnic donde pinchaban pop. En la sala de abajo, techno. A partir de entonces tengo muy claro que quiero vivir en esa ciudad.


J. se había vuelto a enamorar. Pensaba que no volvería a sentir algo tan fuerte así por nadie, pero le sucedió. J estaba pletórico. Me lo contó en un festival indeterminado en Zaragoza. Tocaban La Costa Brava. Ahora me doy cuenta de lo bonito que fue aquello, Sergio Algora acabaría pinchando en la boda con aquella mujer, a la que yo también quiero tanto, G. Cuando Algora murió, J. y yo nos pusimos muy tristes.


Cenamos G., J. y yo en Zaragoza. Es la primera vez que lo hacemos los tres. Cuando llega la comida, G. y yo aplaudimos. Está claro que vamos a ser muy amigas. Me regalan un cd de Amon Tobin. Tiempo después, durante un fin de semana con mi amiga M. en Londres, fuimos a verlo y aquello desembocó en una de esas noches divertidamente absurdas para recordar. Menudo descubrimiento.


J. me vino a buscar en coche a Zaragoza y me llevó a Bilbao. La emoción no cabía en el coche, íbamos a ver a Teenage Fanclub y The Go-Betweens. En el Antzoki no cabía un alfiler, era realmente incómodo. Un borracho no paraba de molestar y pisarme haciendo el tonto con sus amigos. Le pedí que no me pisara y me llamo cuatro ojos. J. me cambió el sitio. Esa noche me tomó el pelo mil veces y acabamos bailando hasta no poder más.


Estaba emocionada por ver a Herman Düne (aún llevaban la diéresis en el nombre), cuando me los crucé en la sala donde tocaban y les saludé nerviosa. J. me dijo que parecía una psicokiller y que seguramente los había asustado. Cómo le gustaba reírse de mí.


Estábamos en Benicàssim otra vez, J. y los demás fueron por la tarde. Yo no pude hacerlo hasta la noche y J. me dejó su coche para que llegara a tiempo desde el apartamento. El recinto estaba lleno de coches y cuando lo metí en el único hueco libre entendí el por qué estaba así: la rueda se había quedado atascada en un socavón. Me agobié porque ni entre diez personas conseguimos sacarlo. Cuando llamé a J. me dijo que no fuera boba, que el seguro mandaría una grúa al día siguiente y que entrara ya, no me fuera a perder a The B-52's. Llegué a tiempo. (Y a las 10 de la mañana del día siguiente estábamos de vuelta mi resaca y yo en el recinto para recibir a la grúa, como tenía que ser).


Mi amigo A. y yo planeamos saltar seis vallas para conseguir entrar en un recinto donde actuaban Daft Punk. No tenía dinero y J. se ofreció a pagarme la entrada. Pero suficiente me había pagado ya. Además, qué son seis vallas para unos veinteañeros. J. me dijo que me sacaría de comisaría si veía que tardaba en entrar. Lo conseguimos y vimos juntos los dos cascos sobre una pirámide gigante de luces y colores. Aquella noche bailamos hasta bien entrada la mañana, ¡como tantas veces!


Situación indeterminada. No sé dónde estamos, solo recuerdo que cantamos, y muy mal, esta canción. No solo desafinamos si no que tenemos nuestra propia versión surrealista de la letra. “Tomorrow never comes until is Tuesday…”.  Qué tontería y qué gracia nos hizo. Me he comprado el single, apareció en un mercado de 2ª mano. Gracias a quién fuera por ponerlo ahí.


Hace un año el abismo nos absorbió a todos los que le queremos. Cuando llegué a casa, por la noche, pasé mucho rato paralizada. Pensé que quizá eso es estar en shock. Cuando pude reaccionar, me puse The Go-Betweens para sentirle más cerca. Suena Finding You y Grant McLennan comienza a cantar “What would you do if you turned around and saw me beside you, not in a dream but in a song? Would you float like a phantom or would you sing along?” Dentro del horror, ocurre de nuevo la magia. Sigues conmigo, te veo en infinitas canciones.


Gracias por todo J., has sido un amigo excepcional.



Text: Tamara G. Cascales
Correcció: Pendent

3 comentaris:

Merce ha dit...

❤️💚💜💙💛

Genina Agard ha dit...

Me encanta Tamara ❤️💚💛💙💜

Anònim ha dit...

���� amazing ����