14 d’abr. 2016

22 (per VERÓNICA ALONSO)



Hace poco hemos cumplido Lobo y yo el primer aniversario en nuestro piso en el barrio de Gràcia. Parece que escriba un diario: “Querido diario, hace poco Lobo y yo...”. Bueno es como soy, supongo, así que repito: Hace poco hemos cumplido Lobo y yo el primer aniversario en nuestro piso en el barrio de Gràcia. Estamos encantados, bueno yo estoy bastante satisfecha y contenta viviendo en nuestra casita, Lobo parece disfrutarlo mucho, no es muy expresivo por su carácter de gato de raza del mundo del jevi, pero le conozco bien y no me engaña, está feliz.

No estoy segura de que sea el lugar donde pasaremos el resto de nuestros días ya que tengo como una afición, problema, mala o buena suerte de mudarme mucho. Si hago un promedio rápido así sin indagar mucho, tengo 35 años y contado con mi amiga Chus el otro día mientras bebíamos una Desperado (si no sé, nos dio por ahí, parecía que hacía sol), me he mudado 22 veces. Sale a -espera que abro la calculadora del móvil… 1,5909090909 período- un poco más de una vez por cada año y medio.

Se puede llamar problema o ansia de ver mundo, esto ya se sabe que depende de quién lo mire. Yo me lo tomo como cosas que me han pasado y sobrellevo como puedo. Creo que quien más las ha sufrido, y espero que no les vuelva a pasar, ha sido mi familia. Pero bueno, es que parecía que les gustaba, sólo a mi hermana se le ocurre comprar una furgoneta, con este afán mío de mover maletas de sitio... Creo que tenemos más fotos en chándal con cara de frustración y con mis muebles en la calle que fotos de una Navidad familiar.



La primera mudanza que recuerdo que hice por mi propia decisión fue venir a Barcelona desde Santoña. Tenía 16 años y quería estudiar aquí, así que mis padres me enviaron a Santa Coloma de Gramanet, donde vivía mi hermana con su marido. Allí me fui a principios de verano ya que necesitaba estudiar catalán para poder hacer la ESO en Catalunya. Estuve todo el verano allí estudiando pero no tenía amigos y entré en depresión total, mi hermana y su marido me ayudaban muchísimo pero yo sólo quería volver a mi casa y para septiembre ya estaba de vuelta con mis maletas. Acabé el instituto y yo sólo quería volver a intentar Barcelona, la tierra prometida que aún no había conquistado, pero mi padre tenía otro plan. Me propuso un trato: siempre se me había dado muy bien el inglés en el instituto y me propuso que si probaba a estudiar filología inglesa, él se pensaría si era buena idea que cursara diseño de moda en la ciudad condal. Así que cogí mis maletas otra vez, ni que decir tiene, porque os ha pasado a todos: cada vez que te vuelves a mudar te llevas un poco más que la última vez. Esto es así y aunque parezca que esta vez tienes menos siempre hay más cajas de libros y de zapatos. Así que camino a Salamanca. Un año pasé allí, lo probé, aprobé y me fui a Badalona a pasar el verano, a trabajar y estudiar catalán.

Esta vez podía ir a conciertos que me hicieron no caer en la depresión y un orgullo juvenil de enseñarle a mi padre que podía trabajar mientras estudiaba diseño de moda. Aquí es donde empieza el rocanrol y, no lo digo por los conciertos, lo digo por el twist de las maletas que llevé durante los años venideros: de casa de mi hermano mayor en Badalona a una habitación en la casa de una amiga del trabajo, de ahí al piso cerca de Sants que compartía con dos amigos de la escuela, de aquí a la casa de mi hermano otra vez, luego a mi primer piso en gracia cerca del KGB, luego a vivir con Cris y con Mau en el Raval y de aquí a Londres.

Una nueva ciudad para mí siempre empieza por un familiar, piso de mi hermana Raquel en el que curiosamente estaba la mar de bien en una habitación armario. Lo que hace querer hacer algo, te da igual, te parece todo bien si te dejan estar allí para ponerte con lo que habías venido a hacer. Tenía tantas ilusiones que absolutamente todo lo que la Gran Bretaña tenía que ofrecerme me parecía maravilloso. La juventud y la inocencia. Recuerdo que la mudanza de Barcelona a Londres fue un drama por “las cosas”. No sabía qué hacer con mis cosas, con tantos pisos vividos, ya tenía lavadora, sofá, cama, armario... Bueno, ya sabéis, muebles y electrodomésticos no demasiadamente buenos ni bonitos pero que te costó mucho conseguir en su momento. Nunca sabes lo que te gusta una lavadora hasta que no la tienes.

En un arrebato de nerviosismo por teléfono con mi hermana quejándome porque iba a perderlo todo y tendría que volver a empezar (en principio sólo me iba a Londres por 6 meses, estuve 3 años...), ella, que es muy sabia (sólo he de decir que es mi hermana mayor), me dijo: “qué más te da, son sólo cosas, es un sofá, se lo das a un amigo y cuando tú necesites uno pues ya lo conseguirás cuando puedas”. Estas palabras, que me costó asimilar, me han ayudado muchísimo en cada mudanza o cada vez que me desprendía de una cosa. Sólo son cosas, si caben, se llevan y si no, pues para otra persona y ya conseguirás cuando puedas otras donde las necesites.


Al llegar a Londres, el rocanrol de mis mudanzas habituales se convirtió en punk rock sanduguero, rollo The Locust. Del armario del piso de mi hermana en Camden a compartir habitación en King's Cross, de ahí a compartir habitación en Angel con Jurgita, luego nos cogimos un bajo en Caledonian Street, luego nuestra casita en Archway y de aquí, vuelta a Barcelona. La tercera vez que vuelvo a Barcelona también ha sido un continuo cambio de pisos y zonas en las que vivir. Lo que siempre he mantenido y mantengo son los amigos y la familia. Aún sabiendo mi afición por cargar cosas y llevarlas a la otra punta de Barcelona siempre están ahí, para ayudarme, apoyarme o para darme un capón. Se agradece todo de su parte.

Lobo forma parte de esta tercera parte en Barcelona y ya ha conocido 6 sitios donde ha vivido como el emperador del jevi metal que es. Veremos que es lo que nos depara la siguiente mudanza. De momento estamos muy cómodos aquí.

Intento saber de dónde me viene esta tranquilidad por poder vivir en cualquier sitio y en cualquier momento y creo que si me remonto a mi tierna etapa, ya fui un retoño que nació en “otro” lugar que no le “tocaba”. Toda mi familia es cántabra de arriba a abajo y en una etapa de mis padres trabajando en Badalona, nací yo. Así, desde siempre he tenido la sensación de no ser de ningún sitio y que por eso siento que podría vivir en todos. He conocido a mucha gente que se siente igual, así que no debe de ser tan raro haberse mudado 22 veces, ¿no?

Verónica Alonso (estilista de profesión y baterista de vocación en Me and the Bees) @lomismoescierto

Fotografia de portada:Eduard J. Montoya  
Text: Verónica Alonso  
Correcció: Pol Camprubí