5 de febr. 2016

CLASES DE BATERIA (per VERÓNICA ALONSO)



Va a hacer cinco meses que conozco a Pau, mi profesor de batería. Sí, a punto de cumplir 35 años y llevando casi nueve con este hobby que me hace tan feliz, se me ocurrió que estaría bien ir a clases de batería para saber si estaba haciendo algo bien.

Mi profesor es uno de estos genios del instrumento que sin aparente esfuerzo hace que parezca muy fácil hacer redobles larguísimos y ritmos suaves e intensos, vamos, imposibles. En resumen, verle tocar da gusto y rabia máxima. Contacté con él gracias a mi amigo Èric que lo conocía desde la adolescencia y empezamos a hablar por mensajes. ­“Verónica, encantado, me gustaría poder darte clases de batería, pero es posible que no tenga nada que enseñarte, llevas bastantes años, ¿estás segura?”, ­“gracias, Pau, pero estoy segura, sí. ¿Me has visto tocar?”“creo que no, ¿tienes algún vídeo?”, ­”sí, te envío un enlace de un youtube” [6 minutillos después] ­“Verónica, ¿los jueves a las 7 te va bien?” Ese youtube revelador...

Llegó el primer jueves y me presenté en el estudio donde se estudia, sí, se estudia batería, toda la vida aporreando o si me pongo fina, tocando ¡y ahora va y vuelvo a estudiar! Para aprender a tocar la batería, amigos, se estudia y yo sin saberlo, ¡con lo que me gusta quedar de intelectual! Lo primero que me hizo es ponerme delante de una batería Ludwig preciosa de los 60 en la que se me caía la baba y me dijo toca algo que hagas normalmente y yo te miro. Encantada le di a los tambores, jaja. Esta fue la última y única vez que estuve detrás de una batería en clase... Y comenzó mi idilio con el pad octogonal.



Estudiar con el pad es casi como hacer yoga o por lo menos es así como Pau dice que he de tocarlo (perdón, estudiarlo). Yo pensaba después de ver Whiplash, esa relación tormentosa de telenovela entre el protagonista, su batería y su profesor, que iba a sudar, a sangrar, a llorar, a dramatizar... Pero resulta que lo que tengo que hacer es respirar, esperar a estar preparada y a mirar mis movimientos con lupa, estudiándolos (cómo me está gustando este verbo, ¿no?) concienzudamente y repetirlos no demasiadas veces, pero sí cada día... Empieza la dificultad.

No os he comentado aún, pero no sé si sabíais que básicamente, hacía todo mal: desde coger las baquetas, el rebote, levantarlas, bajarlas, maza del bombo, charles... Todo mal hecho. Yo no sabía que era tan grave hasta que la experiencia de mi profesor y el sentido común aplastaron mis conocimientos de oído. La teoría es fácil (entre comillas) lo complicado es ser constante, instrumento más que ninguno machacón. Hay que ser muy cabezota y aunque no es que me falte testarudez, es que hay días en los que no hay tiempo, jeje. Después de la grabación del último disco mi terquedad ha ido en decaimiento. Prometo profesor volver a los buenos hábitos, aquí dejo mi manifiesto para volver al pad y al metrónomo.

Verónica Alonso (estilista de profesión y baterista de vocación en Me and the Bees) @lomismoescierto

Fotografia de portada: Eduard J. Montoya  
Text: Verónica Alonso 
Correcció: Pol Camprubí

1 comentari:

Miguel Alonso ha dit...

Cada vez escribes mejor, Verónica. Eres un multitalento y encima guapa, buena persona y con estilo. El mundo está mal repartido, pero tú hace lo tuyo para reparar la falta produciendo arte. Sigue así.