19 d’abr. 2012

HEROIS EN PRIMERA DEL SINGULAR




La dita popular diu que qui té un amic té un tresor, i té raó, però qui té un heroi té una fortuna, que no sé si ho havia dit algú abans, però ja us ho explico jo ara. Els referents són aquí, allà, i per totes bandes. Apareixen de sobte en la teva vida, hi entren, la influeixen i la fan millor per sempre. En aquest bloc en tenim molts, d'herois, perquè de melòmans en som una estona. Podríem omplir pàgines senceres de noms als quals seguim amb delit, començant per en Francisco Casavella i seguint per n'Stuart Murdoch, en David Simon o n'Artur Estrada, i així ens hi passaríem tota la nit. Això és tan indiscutible com que més enllà de l'admiració i l'amor que els processem, el que t'acaba marcant més decisivament són les pròpies experiències viscudes, malgrat que un altre els posi la banda sonora. I aquí és quan entren l'autoheroi, el metaheroi i la creació de records segons el que haguem viscut. Especialistes en la matèria són en Kiko Amat i en Miqui Otero que, a part d'aplicar-ho a molts dels seus textos i obres, han creat un cicle multidisciplinari on els protagonistes són precisament aquells que ens narren els esdeveniments en Primera Persona millor títol, impossible. Són escriptors, músics, dibuixants, persones que han fet o viscut coses extraordinàries, amb la seva pròpia experiència com a testimoni incorruptible; i el millor és que ens ho vénen a explicar a Barcelona i en un cap de setmana. Serà els propers 4 i 5 de maig al CCCB, però tot això ja us ho anirem desgranant amb detall durant els propers dies. Així i tot, deixem que sigui en Kiko Amat qui ens detalli, en primera persona valgui la redundància i en exclusiva per a Gent Normal, el procés de gestació del cicle i la trucada a un d'aquests herois dels quals parlàvem: Jonathan Ames. No cal dir que per a nosaltres és tot un honor.


Kiko Amat cuenta en primera persona y en exclusiva para Gent Normal la crónica del proceso de gestación y solidificación de esta primera edición del festival Primera Persona, que cuenta en su parrilla con Jonathan Ames (Bored to Death), entre muchos otros nombres.

En primera del singular (y a mucha honra)

Kiko Amat

1. La primera idea fue de Miqui Otero. Él siempre sufre ideas. En otro siglo, él sería el tipo que observa la tetera y dice: “Un momento, machos. ¿Y si usamos ese vapor para...?”. En otro siglo, él sería el tipo al que terminan asando en una hoguera por tener demasiadas ideas geniales sobre volar, la creación y la santísima trinidad, y por pasarse de listo en general. Miqui Otero, así, vomita ideas; es como su tourette. Algunas son brillantes, otras inquietantes; unas se ponen a buen uso, otras van a la basura, y otras se quedan en estado latente, esperando una oportunidad.

Pero antes de Miqui Otero, estaba Iván de la Nuez, el antiguo jefe del Departamento de Actividades Culturales del CCCB. Fue él quien me llamó y me propuso crear un festival. Mi idea brillante fueron unas Jornadas Sobre Cosas Que No Están en Internet. El concepto era muy romántico, pero al poco caí en que íbamos a terminar celebrando una fiesta de profesiones desaparecidas con estands de alfareros, herreros y juglares. Feo. Viéndome estancado, llamé a Miqui Otero y le dije que quería hacer un festival en el CCCB, y que buscara en su hatillo de Proyectos Inviables, a ver si había alguno medio decente. También le dije que me hubiese encantado traer al artista punk Billy Childish, héroe de ambos, al fallido festival de no-Internet. Con todo esto Miqui Otero hizo un tirabuzón, le añadió polvos mágicos, realizó una pedorreta y me dijo "vualá". "Primera Persona", me dijo. "Tú eres el más fan de la Primera Persona", me dijo, "te pasas el día hablando de narrativa vivencial, ¿no?". "Y encima, aún puedes traer a Billy Childish, que siempre hablas de él", añadió finalmente "Podemos traer"le contesté yo, como en Los siete magníficos, cuando reclutan a uno nuevo para la panda. Nos dimos la mano y marchamos volando a combatir el mal, allá donde estuviese.

2. Un desagradable efecto de la gravedad: algunas cosas caen. Iván de la Nuez dio el visto bueno, firmamos contrato con el CCCB y nos lanzamos a perseguir a Billy Childish como perros salvajes. Pero entonces desgraciadamente cayó Iván, y luego también Childish (que estaba en Bangkok, o algo así), y nos quedamos con un prototipo en las manos y un montón de nombres sin confirmar. El concepto era sencillo, pero convenía enfocarlo bien: Primera Persona quería mostrar “qué lleva a alguien a sentirse protagonista de una historia que debe explicar, por exorcismo o para que quede constancia de unas caras y unas voces que, de no tomar esa iniciativa y ese riesgo, nadie conocería”. Dijimos esto en el manifiesto inicial. Buscábamos defender un “Yo” sin parapetos, desnudo, valiente y honesto y duro. Pero nos vimos obligados a puntualizar que no todos los “Yos” servían. “En un contexto de vomitona confesional, cuando todo el mundo siente la obligación íntima de decir todo lo que le pasa”, añadimos, repelentes, “es obligado conocer los mecanismos necesarios para que esa historia realmente diga algo [...]. En años en que se defiende la literatura de un yo fragmentado, casi abstracto, forjado a través de piruetas metaliterarias y posmodernidad, queremos ir a la raíz de la vivencia que excita e interesa a todo el mundo y no sólo al de la cultura”. Dicho de otro modo: ni nos interesaba el Yo masturbatorio, fanfarrón e inmediato, de blog (sin artesanía, sin separación, sin contención), ni nos interesaba el Yo agazapado tras citas ajenas y deconstruccionismo y paparruchas, timorato y docente. Queríamos arte puro y honesto basado en vivencias vitales. Personas que hablaran del mundo hablando de ellas, de lo que les había sucedido (no de sus bibliotecas). Jonathan Ames fue, como es lógico, uno de nuestros primeros candidatos.

Por fortuna, cogió el teléfono a la primera.

3. La cercanía de los lejanos y grandes suele sorprender. En España puedes pasar un par de meses sorteando intermediarios para entrevistar a alguna ajada rockstar patria (su agente te manda a su mánager que te redirige a su proctólogo que...). Pero el día en que te pones a buscar a un héroe tuyo foráneo, topas con él al instante. Hablas con él, no con el piloto de su helicóptero. Lo natural y efectivo en estos casos es presentarse con espíritu de fan, no como si uno entregara un proyecto mercantil cualquiera. Así, fuimos hacia donde Ames estaba y le dijimos, en inglés:

— Mira, Ames. Que aquí este y yo somos fans de lo tuyo. Todo nos parece una mierda menos lo tuyo, vamos. Yo te sigo desde I Pass Like Night, de 1989, que no es moco de pavo —le dije eso para que viera que yo no era un recién llegado al club, sino un veterano de guerra lleno de pústulas al que había que tomar en consideración.— Nunca un libro me ha deprimido tanto como ese, no sé si darte las gracias o qué. ¿Cómo? Sí, claro que sé que en la contraportada ponía “fictional odyssey”, pero a mí no me la pegas; no se puede escribir así sin que haya una gran verdad detrás, pillín —y le pellizqué la mejilla.

Continuamos diciéndole que nos chiflaba su faceta de raconteur y cómico stand-up, que sus columnas sobre cosas reales que le habían sucedido nos parecían de lo mejor, que los ensayos de no-ficción sobre él mismo (What's Not to Love?: The Adventures of a Mildly Perverted Young Writer (2000), My Less Than Secret Life (2002), I Love You More than You Know (2006) y The Double Life Is Twice As Good: Essays and Fiction (2009) eran definiciones andantes de la filosofía de Primera Persona, y que era sensacional que — en narrativa — casi todos sus protagonistas fuesen, en el fondo, versiones de él.

— La única forma de conseguir un protagonista escritor que no dé repelús — le dijimos, dispuestos a pontificar— es convertirlo en un amasijo de neurosis, psicopatías y “numerosos problemas de las variedades mental, emocional, sexual, espiritual y física” —(como aducía la sinopsis de su Wake up, sir!). Él asintió. Añadimos que, por supuesto, a ambos nos pirraba Bored to death, la serie que realizó en HBO (con Jason Schwartzman, Zach Galifianakis y Ted Danson) por su mezcla de autobiografía del autodesdén, negrura chandleriana y humor de enredo, y que su cómic El alcohólico era lo más. Finalizamos pidiéndole que les realizara una imposición de manos a mis hijos, que se dejara lanzar puñales en su aparición barcelonesa y que si podíamos mudarnos a su loft unos meses. Él negó tres veces con la cabeza, pero nos fuimos satisfechos de todos modos. Una vez Jonathan Ames hubo aceptado visitarnos, todo lo demás fue encajando en su lugar. Él tiraba de la idea, le daba sentido al todo.

4. Al final logramos reunir a un variado elenco de humanos: gente que había hecho de la primera persona su vehículo prioritario de expresión (Ben Brooks, Juanjo Sáez, Manolo Vázquez y el propio Ames), otros que habían incurrido en ella ocasionalmente con resultados elevados (Jota—Los Planetas—, Antonio Luque—Sr. Chinarro— y Stewart Home) y otros cuya primera persona formaba parte de algo mayor que queríamos contar con nombres propios (Tobi Vail o los representantes del bloque Harto de todo: Que pagui Pujol!). Cayeron algunos nombres (Irvine Welsh, Dylan Moran, Richard Price), otros entraron entusiastas a última hora (Javier Calvo, Darío Adanti, Joe Crepúsculo) y algunos incluso murieron antes de que pudiésemos localizarles (como nuestro ídolo Harry Crews). Poco a poco, las historias se disponían en la pista de despegue, configuradas para el relato. Sólo quedaba reunir a las orejas que desearan escuchar ese relato y ser inspirados por él. En eso estamos.


Primera Persona se celebra el 4 y 5 de mayo en el CCCB (Barcelona).
http://primerapersonabcn.blogspot.com.es/